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Cómo acompañar a una persona de duelo en esta Cuarentena

Por | Noticias | No Comments
Si en estos días de cuarentena, fallece algún ser querido o conocido y no puedes acompañar físicamente a la familia, puede que te sientas triste, enojado, impotente... por no poder estar presente. Son sentimientos normales ante la situación, ya que la necesidad de acompañar y estar presente en estos momentos tan dolorosos es más valiosa para los dolientes. A pesar de la distancia es importante que logres transmitir tu sentir a los dolientes.

Participar de alguna manera en la despedida de la persona que ha fallecido y en el acompañamiento a sus dolientes principales nos ayudará a:

  • Expresar pensamientos y emociones y también nuestro dolor ante la pérdida.
  • Sentirnos cerca de la persona fallecida y de sus familiares.
  • Compartir recuerdos, todo lo que ha dejado en nuestra vida la persona que ha fallecido.
  • Demostrar nuestro apoyo.

Puedes tener contacto telefónico o por otros medios con los dolientes para expresarles que te hubiese gustado acompañarles en estos momentos.
Las personas en duelo rara vez van a tomar la iniciativa de llamar, prueba a mandarle un mensaje de texto o WhatsApp viendo su disponibilidad para hablar y si, en los primeros momentos, no se siente con ganas y no está receptivo/a, respeta su momento.

Puedes enviarle algún mensaje escrito o bien un video corto, solo o con otras personas allegadas. No se trata de un discurso elaborado; simplemente con una frase, un silencio, mostrar tu disponibilidad o tu afecto es suficiente. Frases como:  

 “No es necesario que me contestes si no tienes ganas, solo quiero saber cómo te encuentras  y que sepas que estoy disponible si quieres hablar” 

“Siento mucho por lo que estás pasando,  sólo quiero que sepas que estoy aquí para ti.” 

“Me hubiera gustado estar acompañándote en este momento, pero aunque no esté́ físicamente te acompaño y te tengo presente”

 “Si necesitas que hablemos puedes llamarme en cualquier momento” 

“Te volveré́ a llamar por si tienes ganas  hablar, también podemos compartir un silencio” 

A veces somos nosotros los que no podemos hablar con la persona en duelo o tenemos miedo a hacerle daño y/o nos cuesta sostener su dolor. Cuando seas capaz de hablar con la persona, practica una escucha activa y empática, facilita su desahogo, dejándole expresar cómo se siente y las cosas que echa de menos de su familiar. Evita usar frases hechas, que lo único que hacen es minimizar el dolor y poco ayudan al doliente.  

 NO DECIR: Sé fuerte. Anímate. Hazlo por tus hijos u otras personas significativas. Distráete que te irá bien. No llores más que te estás torturando, que no le dejas descansar. La vida continúa. Es ley de vida. Resígnate. Ha sido la voluntad de Dios. Ahora ya no sufre. El primer año es el peor, luego ya verás. Son jóvenes, ya volverán a tener otro/a hijo/a. 

SI DECIR: “Me gustaría mucho poder decir algo que alivie tu dolor, pero no encuentro las palabras. Quiero que sepas que estoy aquí para ti”

Preocúpate si la persona en duelo está llevando a cabo ciertas medidas de autocuidado como: comer, llevar a cabo su higiene personal, tomar su medicación habitual… y si notas que no es así, siempre puedes ayudarle con las comidas (enviándole su comida favorita por despacho a domicilio), sugerirle algún cambio, avisar a alguna persona cercana (dadas las condiciones actuales). 

A nivel grupal, vecinal o de comunidad pueden, entre todos, elaborar un  libro virtual de condolencias (que alguien se encargue de recopilar los mensajes, darle un formato y enviarlo por el medio que consideres más adecuado, por ejemplo, mails, mensaje telefónico, redes sociales, etc.), y hacerlos llegar a la familia, puede ser un bonito recuerdo y una manera de estar con ellos. 

También puedes hacer una ceremonia  en casa, de manera individual o bien acompañado  de las personas con las que convivas en estos momentos o vía video conferencia. Pueden recordar a la persona fallecida, ver alguna foto, encender una vela, escribir una carta, rezar, u otra ceremonia simbólica que les parezca apropiada. 

Si hay niños en la casa que quieran participar, si lo desean pueden hacer un dibujo o escribir algún mensaje que pueden mandar a la persona o familia en duelo.

Sé comprensivo, la situación es difícil y la familia puede estar también desbordada en algunos momentos o quizás les sea difícil ponerse en contacto.

Pauta para acompañar a adolescentes en la pérdida de un ser querido:

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La adolescencia es un período de desarrollo que tiene características peculiares y únicas para cada persona.

Adaptarnos a la situación especial que estamos viviendo, es difícil para todos/as, es normal que a todos/as nos cueste, incluidos/as los/as adolescentes. Más aún, si a estos momentos le añadimos una pérdida familiar. Es normal que, durante este tiempo, haya momentos en los que decaiga el ánimo, sientan ansiedad, se recluyan en su habitación,…

Es importante acompañarlos/as, respetando las emociones que se vayan presentando en cada momento. Debemos escucharlos/as sin juzgar, sin valorar sus sentimientos.  

Aun así, en estos momentos excepcionales, donde pueden sentirse más aislados o excluidos de lo normal, conviene observar ciertas pautas para con ellos;

– La diferencia entre las expresiones emocionales del/a adolescente con respecto a las del adulto es la intensidad con la que son experimentadas y vivenciadas las circunstancias a las que se ven expuestos/as. Por lo general, suelen manifestar mucha rabia, por lo que su comunicación es más fuerte, más agresiva y, muchas veces, a los adultos, nos resulta difícil sostener esas expresiones. Algunos/as mostrarán visiblemente su emoción convirtiéndola en un enfado desplazado, dirigido hacia alguien concreto, el mundo, la vida, Dios,… Otros/as, ahogarán esta expresión, manifestando un enfado retraído, interiorizado hacia sí mismos/as o hacia los otros. Esta es un afrontamiento que no sólo realizan los/as adolescentes, las personas adultas en ocasiones también lo manifestamos de esta manera. Hablar de esto con ellos/as, permitiéndoles sacar todo su dolor, realizar ejercicio físico, donde pueda desfogar su rabia, su impotencia y frustración, … pueden ayudar en estos momentos.  

– Se les debe informar en todo momento, a ser posible por los propios padres o personas cercanas, de la situación y evolución con respecto a sus familiares o seres queridos. Explicándoles como están, posible desenlace y/o evolución, el por qué no se le puede visitar, y/o en caso de fallecimiento, acompañar o velar. Ir de lo esencial a los detalles. Incluirles en la toma de decisiones.  

– Es importante que los adolescentes puedan saber cómo seguir en contacto con las personas que quieren y a las que no pueden ver por la situación actual, bien porque están hospitalizadas o por la situación de confinamiento. Hay que ayudarles a encontrar la manera de poder seguir manteniendo el contacto con ellas, para que se puedan sentir más seguros/as.  

– Para un/una adolescente es muy difícil imaginar la vida sin esa persona que acaba de perder. El/la adolescente tiene que hacer frente a la pérdida del ser querido, al tiempo que tiene que hacer frente a todos los cambios, dificultades y conflictos propios de la edad y las circunstancias de cuarentena actual.  

– Es posible, que se estén haciendo un montón de preguntas sobre toda esta situación tan confusa, que sientan rabia, frustración, impotencia… por ello, es importante acompañarles y transmitirles, que estamos ahí para ellos/as, aunque no tengamos respuesta para todas sus preguntas. Compartir nuestros sentimientos con ellos hará que nos acerquemos emocionalmente y nos permitirá buscar otras maneras para que todos/as estemos más tranquilos/as. 

– Tener en cuenta su opinión, que sientan que los tenemos en consideración. Incluirles en las actividades que pongamos en marcha para estar en contacto con nuestros familiares ingresados. Asimismo, también en las ceremonias que decidamos elaborar si se produce el fallecimiento. En estos casos, ellos pueden ser una ayuda valiosa a la hora de colaborar en el manejo de las nuevas tecnologías, o hacer uso de sus habilidades informáticas (edición de vídeos, música, álbumes digitales). Será una oportunidad para que tomen un papel activo, se sientan útiles y recuerden estos momentos con cariño y orgullo porque facilitaron ese último adiós, ese acompañamiento o ese ritual compartido a distancia con los demás familiares. Hagámosles saber también de nuestra gratitud y reconocimiento por su labor. 

– No ocultarles lo que sentimos, no nos escondamos para llorar (a no ser que sea un llanto desregulado) Propiciar en ellos la expresión de emociones y el uso de recursos expresivos que ellos manejen para hacerlo: música, escritura, dibujo, videos…Respetar sus tiempos y no mantenernos ni muy cerca (por no agobiarles), ni muy lejos de ellos (que no se sientan abandonados). 

– Propiciemos diálogos abiertos en familia donde unos y otros expresemos nuestro sentir ante la situación, sin juicios, ni descalificaciones. Tratémosles como nos hubiera gustado que nos trataran a nosotros a su edad, hablándoles de nuestra experiencia a sus años

– Este puede ser un momento para cuestionarse las creencias religiosas o culturales que comparten con su familia y pueden mostrarse críticos/as o escépticos/as al respecto. También se hacen preguntas sobre la vida, lo que ocurre después de la muerte. Sin embargo, la muerte les asusta, ya que sienten que han perdido esa sensación de seguridad. Por ello, es importante darles un espacio dentro de los rituales que se celebren en la familia y hacerlos partícipes en todo lo que ellos deseen. Respetando sus formas y sus tiempos, así como su disponibilidad y deseo de participar en los rituales de la familia. Si les consultamos y validamos sus ideas y aportaciones al respecto, se sentirán incluidos/as y serán más participativos/as (por ej. Pidiéndoles que nos ayuden a elaborar un video con imágenes y música de nuestro familiar fallecido). 

– El/la adolescente puede tener mucho miedo a olvidar y por tanto es importante reforzarles cómo tener presente a su ser querido a lo largo de su vida. Por ej: Creando un video o libro del recuerdo con la historia de vida del abuelo, en esta tarea de duelo puede participar toda la familia.  

–  Intentar que mantengan una rutina diaria, no dejarles que se abandonen, ni abandonarnos nosotros. Darle alguna responsabilidad dentro de la casa. Eso les da seguridad y un cierto orden y les hace sentirse útiles.  

– En algunos momentos pueden mostrarse enfadados o culpables ante lo ocurrido, validemos su mundo emocional, decirle que todas las emociones son legítimas. Permitamos que se expresen, que se desahoguen, exploremos con ellos estas emociones, las preocupaciones reales, ayudémosle a entender la realidad de lo ocurrido. 

– Al igual que los adultos, los/as adolescentes necesitan tener sus momentos y espacios íntimos para conectar con su dolor y para desconectar de él (equilibrista emocional), pudiendo parecer que no le está doliendo y en realidad es que no sabe sostener su dolor necesitando desconectar o realizar afrontamientos de evitación para poder sobrellevar esta situación.  

– Es importante respetar sus momentos y sus silencios porque no siempre quieren hablar de la muerte. Muchas veces ocultan su dolor porque se sienten preocupados/as por sus familiares y quieren protegerlos (“evito hablar del abuelo porque mamá se pone muy mal, la veo llorar…”). Simplemente, les haremos saber que estaremos ahí para cuando quieran hablar o preguntarnos algo. No obstante, estaremos atentos a esta conducta sobreprotectora y también a las conductas que sean todo lo contrario, de despreocupación e irresponsabilidad.  

–  Evitar comentarios delante de él/ella que sean inapropiados, que alimenten su rabia, venganza, miedo y victimismo. Asimismo, evitar frases del tipo: “ahora debes ser fuerte “no llores, ya eres un hombre/mujer” “Se fuerte por tus hermanos…”  

– Necesidad de reciprocidad: Hay que tener en cuenta que, tras la pérdida, el/la adolescente se siente diferente y no quiere serlo. El grupo de iguales, que sería su soporte, no les funciona porque no han pasado por lo mismo, por lo que evitan todo lo que pueda dar muestras de dolor y tristeza ante sus amigos/as, para seguir siendo uno/a más. Disfrazándose con la máscara del duelo, se “maquillan” para las otras personas de su entorno, haciéndose los/as fuertes. 

– Normalmente rechazará hablar con los adultos, se sienten vulnerables y prefiere compartir su mundo emocional con su círculo de amigos más cercanos. Si insistimos, además, se alejará más. Por tanto, ser permisivos y comprensivos con esta necesidad de contacto con los amigos. En estos momentos para él/ella son un apoyo muy importante. No les cortemos esa vía de expresión y encuentro (a distancia) porque es muy necesaria. Tampoco le juzguemos si en ese contacto con sus iguales se muestra despreocupado. A estas edades, lo que se quiere es pertenecer al grupo, ser uno más. Además, ellos son más capaces de entrar y salir del dolor, y también lo hacen más rápidamente. 

– Puede que muestre conductas des adaptativas o consumo de determinadas sustancias. Incluso conductas de riesgo “la vida es algo efímero y no merece la pena esforzarse” o ideación suicida. Corregir y prestar atención a estas conductas. Si vemos que solos no podemos, buscar ayuda entre los recursos online o telefónicos que estos días se han puesto a disposición de los/as ciudadanos/as.   

– Pongámonos en contacto con sus maestros/as para explicarles la situación y entre todos consensuar cómo llevar durante estos días las tareas de clases sin excesiva presión.  

– Estos momentos, a pesar de todo, son momentos para aprovechar la oportunidad de estar juntos/as y conocernos más. Conocer sus puntos de vista, opiniones, intereses, etc. Hacer el esfuerzo por entrar en su mundo y recordar, que los adolescentes escuchan después de haber sido escuchados/as. Propiciemos momentos donde recordemos con cariño, y quizás humor, a esa persona que nos acaba de abandonar y rindámosle homenaje compartiendo recuerdos de estos seres queridos con nuestros hijos/as. De esta forma, además le ayudamos con los miedos que ellos suelen tener, que son: el miedo a olvidar al/la fallecido/a, el miedo a olvidar su tono de voz, su olor, un gesto. Compartir les ayudará con esto. 

 

Cómo sobrellevar la muerte de un compañero de trabajo

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Nuestros compañeros de trabajo son en ocasiones como los miembros de nuestro grupo familiar. Pasamos la mayor parte de nuestros días junto a ellos, en los que formamos lazos de confianza y amistad que son importantes en nuestras relaciones.

La partida de un compañero de trabajo a veces resulta especialmente difícil de sobrellevar, en particular si se tenía una relación de amistad, o si la muerte fue repentina o trágica.

No hay una reacción normal ante la pérdida o una sola forma de enfrentar el dolor. Podemos sentir muchas emociones al tratar de asimilar la pérdida y aceptarla en nuestro diario vivir.

El impacto inicial es una reacción muy común. A menudo le siguen la negación o la incredulidad. Esta puede ser una forma en la que nuestras mentes nos protegen de emociones muy fuertes.  La tristeza puede ser muy intensa y profunda, especialmente si fueron buenos amigos. Ansiedad sobre cómo funcionará el lugar de trabajo sin la persona fallecida, por ejemplo, cómo se reasignarán tareas. Temores sobre tu seguridad y protección, dependiendo de la causa de la muerte. Sentimientos de traición, desconfianza, tensión o enojo; pensar que esa muerte no debió suceder.  Una necesidad de volver a la rutina normal; una sensación de urgencia o expectativa de dejar atrás la pérdida. Sentimientos de culpabilidad por una última conversación desagradable, tensiones en la relación o por no poder ayudarlos.

Cómo manejar el duelo

Evita juzgar tus reacciones o las de los demás, pues no ayuda a afrontar el duelo. Permite que tus compañeros y tú experimenten las emociones que surjan, aun si no expresan ninguna. No existe una sola forma correcta o normal de sentir cuando alguien ha fallecido, y el duelo no tiene un tiempo definido.

Los recuerdos de las personas fallecidas siempre están presentes en el trabajo. Puede ser útil encontrar la manera de que todos puedan compartirlos abiertamente.

Considera la posibilidad de colocar en la oficina un tablero, donde todos puedan compartir historias, recuerdos y fotos de la persona.

Sé benévolo contigo mismo y haz una pausa si tienes ganas de llorar o te supera la emoción. El cuidado personal es vital en períodos de estrés. Asegúrate de alimentarte bien. Ejercítate con regularidad y duerme lo que sea necesario para un buen descanso. Expresar tus emociones y hablar de tu experiencia con amigos, familiares o un consejero puede ayudar.

Considera hacer algo en equipo por la familia de la persona fallecida, si es posible y está permitido. Puede ser una colecta para la familia, cajas de alimentos (según  la necesidad de la familia) o hacer un álbum de recuerdos y enviarle fotos a la familia de la persona fallecida que tal vez ellos no tenga. 

Los homenajes de despedida pueden ayudar.  Si puedes, asiste al funeral  o pueden organizar un homenaje póstumo en el trabajo, sembrando un árbol en su honor o colocando una placa conmemorativa. O realizando una ceremonia de homenaje póstumo, Acoger puede ayudarlos a celebrar la vida de vuestro compañero de trabajo en conjunto con la familia.

Cómo explicar el fallecimiento de un ser querido a un niño

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¿Y cómo explicárselo a un niño? Hay que tener en cuenta que “no son adultos en miniatura” porque “tienen unas características psicológicas, emocionales y de desarrollo” que hay que tener en cuenta a la hora de afrontar el tema del fallecimiento de alguien cercano, y cómo debemos explicárselo.

“El tema de la muerte no debe ser tabú en los niños y debemos ayudarles a despedirse “

Los niños/as no necesitan ser rescatados ni excluidos de la realidad que viven, necesitan ser incluidos, autorizados, validados, escuchados, cuidados, acompañados. De esta manera, les estamos ayudando a sostener y superar situaciones difíciles en su vida

Pautas para acompañar a menores

  • Las personas más cercanas, serán las más adecuadas para comunicar las malas noticias. Explícales abiertamente lo que ha sucedido.
  • No usar eufemismos (“se ha ido”, “está dormido”, …). Hablarle de que ha muerto y que no podrá volver a ver . Estar pendiente de su reacción emocional, acogerla, validarla.
  • Explícale, que vuestro familiar se puso muy, muy, muy, muy enfermo / grave, para que cuando alguien se enferme, no crea que va a morir.
  • No ocultar nuestros sentimientos en su presencia y responder a sus preguntas de forma sencilla y adaptada a su edad. Podéis llorar juntos, para que sepa que lo normal cuando muere un ser querido, es estar triste y necesitamos llorar como forma de desahogarnos, pero teniendo cuidado de no derrumbarte y poder seguir sosteniéndole.
  • En función de la edad, la capacidad de procesamiento de la información y las reacciones, se harán de manera distinta. Transcurrido un tiempo logrará adaptarse a las nuevas circunstancias
  • Ten disponibilidad para responder sus dudas, es muy posible que te pregunte si tiene hambre, sueño o sed. Si no sabes qué responder y/o no conoces la respuesta no le engañes, no ofrezcas una realidad inventada, responde con honestidad diciendo que «en ese momento no lo sabes» o que «es muy difícil para ti responder a eso ahora». Recuerda que toda persona, independientemente de la edad que tenga, necesita sentirse segura y cuidada, especialmente ante una situación de peligro y de impacto emocional importante.
  • Permitir que exprese sus sentimientos y emociones: rabia, ira, tristeza, impotencia, etc… Pasados los primeros momentos del impacto y la expresión inicial del mismo, ofrecer otras alternativas que ayuden al niño/a a canalizar su dolor, por ejemplo: hacer un dibujo, escribir una carta, explicar por escrito cómo se siente, un cuento sobre lo ocurrido, etc… O la que el niño/a nos diga que le apetece.
  • Al igual que a los adultos, a los niños/as se les acompaña desde su necesidad, sus formas y tiempos. No le impongamos la nuestra. Ante la duda, mejor preguntar y clarificar: «cuando me dices que tienes un nudo en el estómago, ¿cómo es esto para ti?», «¿Me puedes explicar/dibujar tu rabia?», …
  • No debemos cortar su expresión con frases como: «tienes que ser fuerte», «no llores», «no está bien enfadarse así», … Validemos su emoción y expresión de sus sentimientos con la nuestra como adultos: «para mí también está siendo difícil», «es normal llorar/enfadarse/asustarse, yo también he llorado/enfadado/asustado al enterarme», etc…
  • Dedicarle más tiempo: proporcionar compañía y afecto, aumentar las muestras de cariño, escucharle, … «Estoy aquí para ti», «Lloramos y nos achuchamos juntos», …
  • Garantizar la atención y el afecto. Si los padres están muy afectados, y no pueden asumir sus responsabilidades, es necesario que pidan ayuda profesional. Durante este tiempo es importante buscar una figura significativa que garantice las atenciones necesarias mientras los padres se recuperan emocionalmente.
  • Mantener una rutina diaria (en la medida de lo posible) para darle mayor seguridad ayudando a recuperar hábitos y propiciar una mayor sensación de control de la situación (horarios de comida, sueño, actividades, colegio, etc.)
  • En ocasiones pueden creer que son culpables de parte o todo lo ocurrido. Pueden imaginar que algo que han dicho o pensado ha podido ocasionar la muerte de su ser querido. Es importante que le permitamos expresar y que nos cuente por qué y cómo cree que es responsable de lo ocurrido; de esta manera, podremos acompañar la expresión de su sentimiento de culpa, explorando su fantasía, su preocupación real y ayudándole a entender la realidad. Hay que pensar, que es posible que no nos digan que se sienten culpables y por eso, si no lo hacen, está bien que exploremos, por qué creen ellos que ha fallecido el ser querido.
  • Es importante valorar como se comentan los acontecimientos delante de los niños. No se debieran fomentar algunas ideas, como por ejemplo de venganza, como forma de resolución del problema ya que no es útil para reparar los sentimientos.
  • Es normal que en los primeros momentos vuelvan a hacer cosas que ya tenían superadas, tales como: no querer dormir solos/as y/o con la luz encendida, hacerse pipí o caca encima, chuparse el dedo, volver a gatear, mostrar miedo ante los desconocidos, etc.
  • También es normal que algunos niño/as muestren el impacto inicial tras la noticia y vuelvan a jugar como si nada hubiese ocurrido. Incluso que no quieran que se les hable del tema. En estos casos, puedes decirle por ejemplo: «Cuando quieras hablar de lo ocurrido, estaré aquí.
  • Otros en cambio, mostrarán una preocupación continua por lo ocurrido, llegando en ocasiones a ser excesiva y obsesiva. En estos casos, por ejemplo: facilitar expresión del miedo y preocupación, acompañar la emoción y luego, usar otras técnicas que les ayuden a regularse y sean más adaptativas para ellos/as (relajación, meditación, actividades de distracción, etc.)
  • Cambios en su comportamiento y estado de ánimo: mostrar irritabilidad, agresividad, tristeza, falta de interés por cosas o situaciones que eran de su agrado (jugar, ir al cole, etc.), reclamar más atención y cariño, tener pesadillas o problemas con el sueño, miedo a la oscuridad, etc.
  • Ante situaciones de estrés e impacto emocional es normal tener reacciones y síntomas físicos como: perder el apetito, náuseas y/o vómitos, comer en exceso, dolores de estómago o de cabeza, cansancio, … «sentirse enfermo/a».
En estos primeros momentos, nuestra labor como adultos es la de observar y acompañar las necesidades emocionales del niño/a.

Información sobre el uso de nuestra Capilla y Velatorios.

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En tiempos de Pandemia continuaremos entregando un servicio de calidad a todos nuestros clientes, bajo el contexto de las medidas que hemos implementado en tiempos de contingencia les informamos lo siguiente:

Nuestra Capilla

Tomando en consideración la actual emergencia sanitaria del país a causa del Covid-19, de acuerdo a las medidas determinadas por el Gobierno, Acoger solo pondrá a disposición sus dependencias si sus clientes lo requieren, el uso de nuestra Capilla para ceremonias con un máximo de 20 personas con sus Salvoconductos correspondientes.

Uso de velatorios

En los Velatorios se restringe su uso sólo para un máximo de 5 personas, dentro y fuera del espacio habilitado, respetando todas las medidas sanitarias exigidas, las que solo buscan proteger su salud, así como las de sus seres queridos y de nuestros colaboradores. Estas medidas podrían variar según las nuevas instrucciones que entregue el Gobierno o la autoridad sanitaria.

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